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1 de abril de 2012

Cata de Muñana "rojo"


  Una de las experiencias más divertidas de nuestros cursos es la ficha de cata participada por nuestros catadores. La espontaneidad de quienes desconocen y su valoración son nuestra guía más fiable. La ausencia de prejuicios y la curiosidad latente de nuestros participantes, nos aporta cuando desconocemos los que aprendemos de ellos. En agradecimiento a cuantos participaron en las catas de este vino va esta ficha literaria que os prometí sobre Muñana "Rojo".

Entre trago y sorbo vamos comentando. 
Maridaje aparte de pimientos rojos
y relleno altiplano.
El vino, en su lenta mejora,
nos cuenta de manos y trabajo.
Soy Muñana. Rojo, de Peñas Prietas y antaño;
de límpidos ojos, granate y cereza.
De tierras altas y aires de pureza,
traigo rosas, pimiento verde y lejana fresa.
El posgusto espera, apetitoso,
ligero amargo y su punto de astringencia.
Donde el regaliz, con acidez y chispa,
y el recuerdo fresco con madurez en botella.


14 de septiembre de 2011

Mencal, un blanco perfecto

Irritado por aquellos morenos ostentosos de última hora que parecen  rodearme; éste, que veraneó entre vinos, se dispone a enrasar envidias  con un blanco entre los blancos. Un rubio, casi albino, cuyas bodegas  terminan de recoger los racimos de Chardonnay, Sauvignon Blanc,  Verdejo, Moscatel y Torrontés, que esperamos sean tan generosos como el que hoy os presento.

Hace tiempo que buscaba el lugar y el momento junto a este blanco: Una  banqueta frente a un banquete; y esa intimidad que nunca tuvimos  para sentarnos frente a frente y sentir la confianza. Lejos de tabernas y  cotillas, de tapas calientes y miradas frías. La ocasión llegó a finales de  Agosto, coincidiendo este año con la uva madura y las botas preparadas.
Llegado este encuentro, reconozco que me intimidé por tanta presencia.
Un dorado pálido que no esconde nada, trasluce honestidad y un brillo casi angelical en copa. Sus aromas y sabor son complejos en comparación a los blancos que acostumbro. Los primeros −terpénicos− delatan una buena fermentación en frío y el excelente trabajo en las bodegas de Pago de Almaraes, aflorando casi literalmente en el escanciado. Recuerdos a pomelo y cítricos intensificados por la moscatel de Motril que, como aquellos perfumes generosos, impregnan de una huella irresistible que siempre busca su primera evocación.
La complejidad de todos sus matices y notas se convierten en armonía a cada sorbo, y aquí es donde me descubro ante tanta presencia. Aun sabiendo que esto podía suceder, reconozco que podía haber mejorado el maridaje. Nos aventuramos con unas gambas blancas de Huelva a la plancha y unas conchas en salsa. El ajo y la guindilla tropezaron con la armonía, y la gamba se quiso desmarcar en el posgusto sólo reservado al Mencal. Por lo tanto, recomendaría que al maridar este vino, primero, lo probasen a solas, ideal para copeo y de tapas; y, posteriormente, le dejasen pedir por su boca alejándolo de sabores "perjudiciales". Se merece resaltar por si mismo y sin andamiajes.

En próximas ocasiones puede que lo invite a un postre (una tarta de frutas sería ideal), a ensaladas con mucha imaginación, pescado blanco, calamares o, incluso, me atreva con un paté (mejor que foie) de esos que texturan con trocitos de carne.
En definitiva: un vino complejo, ligeramente seco, de enorme presencia aromática, y para echar de comer aparte.