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3 de abril de 2012

Vinos y primavera en Guadix

  Primavera y vino son dos elementos que siempre maridan a la perfección. Y no fue menos en la 3ª feria del vino de la comarca, celebrada el pasado fin de semana en Guadix. El tiempo acompañó y la presencia de público y bodegas fue completa.
A parte de pasar un rato estupendo entre cata que te charla, descubrimos algunos vinos que escogieron la ocasión para vestirse de etiqueta en su presentación en sociedad.
Sauvignon Blanc de M.Moya
Un buen ejemplo fue el blanco de Méndez Moya, cosecha 2011: un Sauvignon Blanc de cultivo ecológico que llenaba el Palacio de Villa Alegre con su aromaticidad característica. En copa daba un color olor oro viejo intenso con suaves brillos. Aunque lo que más disfrutamos fue su nariz a pera, ciruela verde, y piña, mezclados con aromas de manzanilla en flor. En boca marca perfectamente su equilibrio de acidez con fondos de tono dulce que me recuerdaron al membrillo. Por pedirle, lo único, una temperatura de servicio más adecuada.

Muñana & Petit Verdot


  Otro de los vinos de gala fue el monovarietal de Syrah que nos presentó Muñana. Una sus joyas mejor guardadas, que desde la cosecha del 2006 no salía a la venta. Por lo tanto, un vino esperado que no defraudó a los amantes de esta singular uva que sólo en sus mejores año pasa a ser vino. Sin duda, la excepcional temporada del 2009 hará de este vino un clásico para guardar y ser recordado con los años.




Emilio Romero (Anchurón)
Merlot dulce
Continuamos de gira por el patio palaciego y nos detenemos a saludar al amigo Emilio Romero, un autentico genio renacentista por su capacidad de sacar arte en todo cuanto trabaja en el Anchurón. En esta ocasión nos presenta su última creación: un tinto dulce de merlot recién etiquetado, que a simple vista ya nos hace salivar. No deja de sorprenderme su capacidad de adaptación al mercado cambiante y sus exigencias. Un vino de cuerpo y brillantez que llena la boca de puro merlot sobremadurado; un dulce de exquisito paladar que sin duda encontrará su hueco entre el aperitivo o el postre más elegante.

Así hasta once bodegas coincidieron en esta tercera edición, deleitándonos con los vinos de una zona privilegiada como es el Altiplano y tierra norte de Sierra Nevada donde criar vinos ha pasado de ser tradición a convertirse en arte.
Con el dulce recuerdo de aquel merlot y la grata conversación con los protagonistas, nos despedimos deseándoles muchas más primaveras a sus vinos.

6 de diciembre de 2011

Amber, un vino muy personal

 Se dice entre los viejos de bodega que el vino siempre está vivo; un tiempo vive junto a nosotros, y luego en nosotros. Lección tan magistral me lleva a seguir preguntándole a Ignacio Amber por el proceso vital de su caldo, y deduzco por sus explicaciones que nada puede fallar en un proceso de elaboración en el que el cariño y la honestidad son las notas predominantes. Desde el cuidado que pone en el cultivo, hasta la delicadeza con la que trata el fruto una vez recogido, nada se escapa a la lupa del conocimiento que da su experiencia. "El vino lo absorbe todo", me dice Ignacio; desde el riego que recibe, hasta las palabras que oye desde la cuba. "Hasta los buenos vinos se han vuelto malos cuando han oído discutir a sus amos", concluye.
No conocíamos a Ignacio hasta ese día. Y podría decirse que la casualidad no existió; todo estuvo determinado por un amor mutuo al buen vino y por una mirada que transmite tranquilidad y honestidad, algo que, inevitablemente, también define a sus vinos.
Nos invitó a probar el resultado de su esfuerzo: Un vino que yo llamo familiar, y que lleva su firma desde el caldo a la etiqueta. A cada sorbo nos íbamos conociendo un poco más; de un syrah rosado con carga de color pasamos a un syrah con cabernet digno de concurso. Un vino coloreado de vida, de violetas bien encontradas, y de taninos ligeros y sedosos al paladar.
Una conversación amena y bien tapeada maridó nuestro encuentro, dejándonos pendientes de otra botella "cascada".
Guardar un ejemplar de Amber en mi bodega es guardar un trozo de esa vida que Ignacio me relató, un recuerdo de honestidad y exigencia que, en los tiempos que corren, no creo que tarde en revivir (a vuestra salud, Ignacio).