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14 de septiembre de 2011

Mencal, un blanco perfecto

Irritado por aquellos morenos ostentosos de última hora que parecen  rodearme; éste, que veraneó entre vinos, se dispone a enrasar envidias  con un blanco entre los blancos. Un rubio, casi albino, cuyas bodegas  terminan de recoger los racimos de Chardonnay, Sauvignon Blanc,  Verdejo, Moscatel y Torrontés, que esperamos sean tan generosos como el que hoy os presento.

Hace tiempo que buscaba el lugar y el momento junto a este blanco: Una  banqueta frente a un banquete; y esa intimidad que nunca tuvimos  para sentarnos frente a frente y sentir la confianza. Lejos de tabernas y  cotillas, de tapas calientes y miradas frías. La ocasión llegó a finales de  Agosto, coincidiendo este año con la uva madura y las botas preparadas.
Llegado este encuentro, reconozco que me intimidé por tanta presencia.
Un dorado pálido que no esconde nada, trasluce honestidad y un brillo casi angelical en copa. Sus aromas y sabor son complejos en comparación a los blancos que acostumbro. Los primeros −terpénicos− delatan una buena fermentación en frío y el excelente trabajo en las bodegas de Pago de Almaraes, aflorando casi literalmente en el escanciado. Recuerdos a pomelo y cítricos intensificados por la moscatel de Motril que, como aquellos perfumes generosos, impregnan de una huella irresistible que siempre busca su primera evocación.
La complejidad de todos sus matices y notas se convierten en armonía a cada sorbo, y aquí es donde me descubro ante tanta presencia. Aun sabiendo que esto podía suceder, reconozco que podía haber mejorado el maridaje. Nos aventuramos con unas gambas blancas de Huelva a la plancha y unas conchas en salsa. El ajo y la guindilla tropezaron con la armonía, y la gamba se quiso desmarcar en el posgusto sólo reservado al Mencal. Por lo tanto, recomendaría que al maridar este vino, primero, lo probasen a solas, ideal para copeo y de tapas; y, posteriormente, le dejasen pedir por su boca alejándolo de sabores "perjudiciales". Se merece resaltar por si mismo y sin andamiajes.

En próximas ocasiones puede que lo invite a un postre (una tarta de frutas sería ideal), a ensaladas con mucha imaginación, pescado blanco, calamares o, incluso, me atreva con un paté (mejor que foie) de esos que texturan con trocitos de carne.
En definitiva: un vino complejo, ligeramente seco, de enorme presencia aromática, y para echar de comer aparte.

30 de agosto de 2011

Maridaje con Gewürztraminer


Este fin de semana hemos vuelto al restaurante clandestino. La excusa era realizar una prueba de maridaje. En este caso llevamos nuestro propio vino: un blanco de Somontano monovarietal de Gewürztraminer, embotellado por Viñas del Vero, para acompañar un bloc de foie de canard francés y unas berenjenas rellenas.
Desde la primera copa me enamoró este vino en todos los sentidos. Primero, por su amplia y elegante nariz −capté matices  florales y frutas blancas−. La boca tiene un punto de dulzor difícil de olvidar, es redonda y se expande en fase retronasal. Su color es muy limpio y brillante y poco a poco nos va dejando descubrir el carbónico de su fermentación a 16º, unas burbujas mínimas que casi no se despegaron del cristal de la copa mientras disfrutaban de las inigualables vistas desde el "clandestino".
El peculiar nombre de la variedad procede de Alsacia, donde se cultiva desde antes de la primera guerra mundial, cuando el territorio paso a manos francesas y estos se encargaron de exportarla con éxito, entre otros destinos, a la comarca aragonesa. Es una uva exquisita que conocí gracias a la recomendación de un sumiller granadino que difunde los caldos de su tierra en Suecia. Y, finalmente, por el maridaje de la compañía.
En honor al origen gabacho de la uva, decidimos maridarle un foie como entrante que enlazó a la perfección. La potencia del hígado estuvo acompañada por la dulzura y el tacto aterciopelado del blanco -la baba se nos caía presenciando la tierna escena-. A continuación llegaron las berenjenas, bien trabajadas en su base de relleno: sofrito en aceite de oliva virgen extra de tomates ecológicos, cebolletas, orégano fresco, zanahoria, y ajo. Carne picada, fromage beaufort, y al horno para gratinar.
Tampoco aquí se vino atrás nuestro invitado de Viñas del Vero, y respondió con temperamento al especiado de las berenjenas. No en balde, su nombre significa uva especiada.
Por lo tanto, todo una perfecta conjunción desde el acto hasta el pos-gusto de la compañía. Para repetir.
¡Santé!